La dicotomía ideológica: izquierda-derecha, ya no describe el mundo en el que vivimos para el sec. Gral. del Sindicato de Alimentación (STIA), Sergio Escalante, también conducción en triunvirato de la CGT San Martín.

El dirigente plantea que “nos enseñaron un mapa simple: la derecha es élite, dinero y poder económico y la izquierda es pueblo, justicia social e igualdad” analizando que “era una narrativa cómoda de repetir” pero que no se condice con el escenario actual.

Al planteo lo acompaña argumentando que “las profundas transformaciones de las últimas décadas dinamitaron esa geometría política ingenua y que el poder ya no reside exclusivamente en la acumulación de capital económico”.

“Hoy -profundiza- dentro de las propias filas progresistas, encontramos nuevas élites que basan su dominio en el capital cultural y simbólico: discursos correctos, títulos universitarios y un lenguaje técnico que, a menudo, termina desconectado de las necesidades materiales de los sectores que dicen representar”.

Mientras que observa que al mismo tiempo, ha emergido una «derecha popular» que canaliza el descontento de quienes se sienten marginados por la globalización o la pérdida de identidad cultural cuando “esa derecha les habló a los trabajadores de estabilidad económica y seguridad cuando la izquierda tradicional solo les ofrecía debates identitarios”.

Seguidamente advierte que se ha pasado del «partido de los trabajadores» al «partido de los educados» con la priorización de agendas centradas en lo cultural orientadas “alienar amplios segmentos de la población cuya principal preocupación sigue siendo llegar a fin de mes, tener un trabajo digno y vivir en paz” remarcando: “Ese vacío fue capitalizado por fuerzas conservadoras que se presentaron como defensoras de los problemas reales de la gente común”.

Frente a esta complejidad, sostiene que “el verdadero clivaje político ya no es izquierda contra derecha, sino una tensión más profunda: capital económico contra capital cultural, defensa férrea de identidades particulares contra búsqueda de estabilidad social compartida, narrativas instaladas contra realidades materiales ineludibles”.

Entonces, propone un Frente Popular del siglo XXI, que “recupere y actualice las tres banderas históricas del peronismo: independencia económica, soberanía política y justicia social, sin fórmulas nostálgicas”.

Ahí, ahonda en que “la independencia económica del siglo XXI no puede limitarse a la vieja sustitución de importaciones sino que implica construir una industria nacional moderna y de alto valor agregado: alta tecnología, energías renovables, biotecnología, inteligencia artificial y economía circular” acentuando que “sin desarrollo productivo no hay independencia que valga”.

En tanto que la soberanía política, “se resignifica como la capacidad real de decidir sin tutelajes externos y eso solo se logra con autonomía tecnológica y productiva, que nos dé poder de negociación en el mundo”.

Finalmente, acerca de la justicia social apunta que “se articula con trabajo decente, derechos laborales inquebrantables y una distribución de la riqueza que ponga al trabajador como protagonista activo del desarrollo” enfatizando que “ningún proyecto será sostenible sin educación pública de calidad y por eso, defendemos la doble jornada obligatoria y una nutrición adecuada desde la infancia porque niños bien formados son la base de nuestra futura industria del conocimiento y de una fuerza laboral calificada con oportunidades equitativas”.

Finalmente concluye en que “educación, industria y trabajo digno se retroalimentan siendo ese es el círculo virtuoso que puede darnos un poder soberano real generando un modelo que no es una imposición de unos pocos sino una invitación a la construcción colectiva entre todos los argentinos: trabajadores en sus fábricas, estudiantes en sus aulas, empresarios visionarios, científicos en sus laboratorios, universidades, comerciantes y cada sector”.

Por Marina Lacolla

Marina Lacolla, periodista y editora de la Revista Trato Hecho Noticias del Conurbano